La idea
comenzó de forma muy simple. Mientras estábamos en Tailandia
metidos en Wat Bang Phra y esperando a unos jinetes de la zona, comenzó
el festival anual de tatuajes.
Aunque los monjes celebran ceremonias de tatuajes cada día,
el festival es un evento muy importante; miles de personas se acercan
para escuchar las plegarias protectoras budistas de Khemer y para
conseguir sus diseños. Algunos diseños son famosos por
invocar a espíritus poseídos, y no queríamos
perdernos ese espectáculo, así que nos acercamos al
festival.
La única forma de describirlo es "caótico".
Bajo el sol abrasador, los fieles tailandeses sudaban, se tatuaban
y se volvían locos. Vimos a varios hombres poseídos
por espíritus de animales, chillando a amigos y a enemigos.
Un tipo que estaba completamente tatuado del cuello para abajo, bramaba
y rugía como un dragón. |